Mad Men (2007)
Me costó un huevo empezar a ver Mad Men. Me insistían buenas fuentes y creo que vi el piloto cuatro veces, la primera me dormí, la segunda llegué a la mitad y me aburrí, luego pasó no sé qué y luego lo vi emparejada para hacer causa común y por fin conseguimos arrancar. La primera temporada empezó un poco absurda pero hubo cuatro toques enganchantes, como la identidad secreta de Don Draper, los estilismos de Betty Draper, el rollazo que tenía la Joan, y el tema del publicismo en los sesenta, que quieras que no, es el tema central de la serie.
El personaje de Don es un antihéroe irresistible. Es imposible no quererle, admirarle o sentir un morbo no sexual (bueno, y sexual también, primera vez en mi vida que me gusta un gominolo) incontrolable hacia su persona, con sus momentos atormentados, su lado maligno (tiene lado bueno?) y su rollo punki de “paso totalmente de todos vosotros”.
La segunda y tercera temporadas fueron a mejor, con momentazos tremendos como la segadora (tuvimos que rebobinar para volver a verlo porque no nos lo creíamos), y la cuarta está avanzando lento pero seguro, desvelando las tramas que interesan, como lo del raro-malo del marido de Joanie (el ginecólogo fumando me mató) o la señora de California, si bien es cierto que no le están dando bola a Betty y esto me jode porque me encanta y la odio (=morbo) a partes iguales.
El creador de la serie, Matthew Wiener, es bastante nazi con el tema spoilers porque siempre suele dar la campaná con algo cojonudo, y yo estoy esperando todavía a que pase algo realmente gordo porque de momento está siendo todo bastante explicativo, aunque si los capítulos duraran 8 horas y fueran meramente explicativos, los disfrutaría igual.